Los quisieras retener, pero los hijos deben volar

Para mi amiga Lelia que me pidió que escribiera sobre el tema del ingreso a la universidad, pero igual para todas mis amigas y todos los  que  empiezan este proceso o están por despedirse.

“No me trajiste mis papitas nunca”, sentenció mi hija cuando apenas tenia dos años. Así ha sido siempre: contundente en sus afirmaciones, apasionada de la vida, sin medias tintas, pero de corazón sensible. No se muy bien a que horas, fueron pasando los años y cambiando los retos.  La mamá inquieta desde siempre, por su parte, ha pretendido tomar decisiones informadas . Así hemos recorrido ciudades y países a donde nos ha llevado el destino y el trabajo de mi esposo, experimentando Gymborees, Montessoris, colegios públicos, privados y todo tipo de actividades extracurriculares, desde gimnasia olímpica y baile hasta equitación o voleibol, para encontrar su pasión en el Debate y la política.

Pero así también,  sin anestesia, un día llego el día en que había que pensar en serio en la universidad. Lo que significaba que mi bebé que ayer jugaba a ser la Bella con su vestido amarillo y sus tacones plásticos, tenía ya que tomar serias decisiones para su vida y su futuro, pero que además se iba a ir de nuestro lado a vivir en un campus universitario. ¿A qué horas? ¿Por qué? Esto representaba todo un mundo nuevo para nosotros. Papás de origen latino, que no estudiamos en Estados Unidos y que salimos de nuestra casa sólo cuando ya nos íbamos a casar. ¿Como era posible que nuestra niñita de apenas 18 añitos ya tuviera que irse? ¿El primer instinto? La quisieras retener. ¿Para qué tan lejos? Te preguntas. Aquí también hay una buena universidad y sale mas barato, piensas. Te quieres llenar de razones para detener el tiempo, para darle un compás de espera, uno o dos años más argumentas… Sin embargo salió al quite la mamá que lee e investiga  y de esas lecturas y seminarios resultaron nuevas conclusiones y aprendizajes. Visitamos varios campus, primero como turistas, sin rumbo, pero luego con planes definidos, preguntas exhaustivas, anotaciones y viajes inolvidables. Nos formamos expectativas académicas y económicas reales . Fijamos objetivos y trazamos metas, así la niña realizó su proceso de solicitudes,  no sin los normales tropiezos , dramas y discusiones, pero al final, gracias a Dios y al hecho de haber entendido las opciones reales, sin pretensiones absurdas que a veces tenemos los papás que queremos colgarnos medallas sólo para decir que nuestros hijos van a tal universidad de renombre, mi hija tuvo la oportunidad de elegir la escuela que cumplía con sus expectativas, en donde sentía iba a poder crecer, sobresalir, desarrollarse, aprender, servir a la comunidad y encontrar amigos con sus mismos intereses.

Con poca experiencia en el tema y el corazón en la mano, compramos colchones, sábanas extra-largas, refrigerador, microondas, cajoneras y cajoneritas, corchos, posters, edredones y tontería y media que llenaron 6 maletas para llevar por avión,  para después alquilar un cuasi camión , difícil de manejar, para poder recoger más cosas que habíamos comprado online; Y así, igual en un abrir y cerrar de ojos , se llegó el día de la mudanza. Un poquito al estilo de Mr. Bean, bajamos todo y sin mucho tiempo para pensar, organizamos muebles, ropa y artículos de limpieza, “fíjate bien , con esta esponja limpias el lavamanos, esta otra es para la taza del baño y estas son para el trapero, te bañas con chanclas, la ropa de colores claros no se mezcla con los oscuros”…mientras la nueva roomate de origen africano nos miraba aterrada de ver todo lo que traíamos y nos examinaba  sospechosa al oírnos hablar en  un idioma que no entendía. Realizamos otros tres viajes a Target, y al final, el dormitorio nos quedó con un  ambiente agradable, al fin y al cabo era el lugar en  donde nuestra hija iba a vivir durante el siguiente año… ¿QUÉ? Un momento ¿cómo así? Se había llegado la hora y la niña se tenia que quedar ahí sola, sin nadie conocido, pues sus compañeros de colegio habían hecho otras elecciones y claro, era normal que tuviera angustia, un poquito de angustia, no la verdad es que era MUCHA ANGUSTIA. Los consejos seguían: “No vayas a tomar trago, nada de drogas, siempre decisiones inteligentes, en la noche no salgas sola”… Ella tenia angustia, yo tenia angustia, el papá también tenia angustia, claro. Pero en estas situaciones sale triunfando el instinto de padres. Ese que te dice que tu tienes que demostrar la calma y el control. Mi marido salió al quite con una de esas reflexiones de corazón que lo caracterizan , asegurándole que todo iba a estar bien y dándole consejos para que diera sus primeros pasos hacia la independencia. “Ve al evento que hay esta noche, no importa que no conozcas a nadie. Ve con la vecina que se ve buena gente, tú puedes, llénate de valor, Dios y la Virgen están contigo”, le dijo y así fue. Nosotros, en medio del desconcierto, nos fuimos al hotel, y ella pasó su primera noche en la universidad . Al otro día, después de una misa llena de reflexiones bellas y muchas, pero muchas lagrimas, el momento se llegó y nos tuvimos que decir adiós. Con la hermana menor que tenia el corazón mas partido que todos,  como en la despedida de Casablanca, la película, la dejamos y la nueva etapa comenzó. Así como cuando la dejé su primer día en el Montessori, el corazón me dolía. Sólo que esta vez tomamos un avión, la dejamos a diez horas de camino en carro y volvimos a una casa llena de silencios , sin gritos, ni llantos extremos y carcajadas, con un cuarto inquietamente ordenado y una cama tendida siempre, siempre. Ya no me reclama porque no le traje sus papitas nunca…

Hoy han pasado casi dos años de esa despedida. Aun la extraño y se me escurre a veces la lágrima cuando paso por su cuarto, por qué no aceptarlo. Los encuentros son felices  y todo lo frecuentes que el tiempo y el dinero nos lo permiten. Las despedidas siguen siendo tristes. Pero el orgullo y la tranquilidad de verla feliz y realizada, lo pueden todo. Creo, sin temor a equivocarme, que hizo la mejor elección. Las alas las ha expandido. Su vuelo es sólido y maduro. Cada decisión que toma es sopesada y estratégica. Esta involucrada en la universidad. Trabaja. Realiza servicio social. Enriquece sus conocimientos y su vida espiritual. Tiene buenas calificaciones. Buenos amigos. Hablamos todos los días y sus alegrías, son las mías, sus logros, mi mejor orgullo. Me siento feliz de  no retenerla y tengo la certeza de que va a llegar lejos, muy lejos.

6 comentarios sobre “Los quisieras retener, pero los hijos deben volar

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  1. Noooo buenoooo !! Pase por risas, lágrimas y al final me llevo una GRAN certeza que todo este proceso vale la pena para ayudarlos a volar … GRACIAS Marcela por transmitir tan bien todos esos sentimientos.. me sentí totalmente identificada!!! Gracias!!!! Sigue escribiendo!!! 😘

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  2. Asi será querida amiga!!!!! Mariana ha logrado reconocer en ella los dones que Dios le dio a salir de casa. Cuenta con una familia que la ama, apoya en todo momento y disfruta con ella cada logro y obstáculo superado. Estoy segura que cada día será una oportunidad para desarrollar dichos dones y ponerlos al servicio de los demás. Felicidades amiga… lo que has sembrado esta creciendo y dando frutos!!! Bendiciones!!!

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